Mao Zedong, conocido también como Mao Tse-Tung, nació en Shaoshan, provincia de Hunan en China, el 26 de diciembre de 1893. Fue fundador y máximo dirigente del Partido Comunista de China, así como fundador y presidente de la República Popular China. Bajo su liderazgo el Partido Comunista enfrentó la política de exterminio anticomunista del Partido Nacionalista en la primera parte de la Guerra Civil China entre 1927 y 1936; condujo la Larga Marcha e impulsó el Segundo Frente Unido para luchar contra la ocupación Japonesa; y luego venció a la dictadura de Chiang Kai-shek en la Revolución China de 1949, proclamando una nueva república, bajo un régimen de dictadura democrática popular. Reunificó China y puso fin al Siglo de Humillación, pero se le asignó responsabilidad sobre la Gran Hambruna que se vivió entre 1959 y 1961, razón por la cual fue apartado del poder.
En el plano ideológico, Mao adoptó los planteamientos del marxismo-leninismo, pero con matices propios basados en las características de la sociedad china. En particular, el maoísmo otorga un papel central a la clase campesina como motor de la revolución, planteamiento que difiere de la visión tradicional marxista-leninista de la Unión Soviética, que veía a los campesinos como una clase con escasa capacidad de movilización y adjudicaba a los trabajadores urbanos el papel central en la lucha de clases.
Entre 1953 y 1958, implantó la economía planificada y la primera constitución de la República Popular China, e impulsó la industrialización de su país. En 1963 lanzó el Movimiento de Educación Socialista y en 1966 inició la Revolución Cultural, que le permitió recuperar el poder y desarrollar un culto a su personalidad. Luego en 1969 dió dar por finalizada dicha Revolución. En ese año Mao experimentó serios problemas de salud que le impidieron ejercer el poder en plenitud, abriéndose una lucha dentro del Partido Comunista que recién se resolvería luego de la muerte de Mao, con la consolidación del liderazgo de Deng Xiaoping y su nueva política económica.
Aún hoy en día, el papel histórico de Mao es objeto de controversia. Por una parte, jugó un papel determinante en la resistencia a la ocupación japonesa y reunificó China poniendo fin al Siglo de Humillación, que hundió al país en la pobreza y la adicción masiva al opio y lo puso al borde de su desintegración. Sin embargo, se le reconoce que durante su gobierno de 1949 a 1975, la esperanza de vida aumentó de 44 a 65 años.
En 1981 el Partido Comunista de China publicó un análisis oficial sobre la responsabilidad de Mao en los problemas sociales y económicos derivados de sus políticas, en el que se le imputaban errores graves, pero reconociendo también que sus éxitos superan con mucho sus errores, especialmente su papel decisivo como ideólogo socialista, como líder del Partido Comunista y como artífice de la Revolución China. Desde entonces, el Partido Comunista de China ha mantenido esta valoración histórica de Mao como un gran líder patriótico y fuente de legitimidad del propio partido, pero sin negar los errores que cometió. Fuera de la República Popular, las valoraciones de Mao varían desde la visión positiva que lo muestra como un líder popular y revolucionario, hasta la visión negativa de su etapa en el gobierno en que ejerció con autoritarismo, su poder dictatorial.






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