martes, 12 de julio de 2022

António de Oliveira Salazar, personaje de Portugal



António de Oliveira Salazar nació en Vimieiro en 1889, y murió en Lisboa en 1970. Fue un dictador que ejerció como Primer Ministro entre 1932 y 1968, e interinamente como Presidente de la República en 1951. Fue la cabeza y principal figura del llamado Estado Novo llamado también Segunda República, que abarcó el periodo 1926-1974. 


Siendo el único hijo varón de cinco de una modesta familia de campesinos, en 1905 entró como seminarista en Viseu. Dándose cuenta de su falta de vocación religiosa e involucrado en el agitado ambiente político que surge en Portugal a raíz del asesinato del rey Carlos I, se mudó a Coimbra para estudiar Derecho en 1910. En 1914 obtuvo el título de bachiller en Derecho y en 1916 asistente de Ciencias Económicas. Asumió la regencia de la cátedra de Economía Política y Finanzas en 1917 por invitación del profesor José Alberto dos Reis, antes de doctorarse al año siguiente.



Durante este período en Coímbra, materializa su inclinación por la política en el Centro Académico de la Democracia Cristiana, donde traba algunas amistades, como la del que será después Cardenal Patriarca de Lisboa, Manuel Goncalves Cerejeira, con quien compartió alojamiento en la República dos Grilos en Coimbra. Combate el anticlericalismo de la Primera República con artículos de opinión que escribe para periódicos católicos, y acompaña a Cerejeira en palestras y debates. Sus opiniones y contactos en el Centro Académico de la Democracia Cristiana le llevarán en 1921 a presentarse como diputado al Parlamento por la ciudad norteña de Guimaraes. Tras ser elegido, y sin encontrar en ello motivación alguna, regresó a la Universidad. Se mantiene en su cátedra hasta 1926, escribiendo y dando conferencias.



En 1928, tras la elección del presidente Antonio Carmona, y en vista del fracaso de su antecesor en conseguir un abultado préstamo externo con vistas al equilibrio de las cuentas públicas, Salazar vuelve a asumir la cartera. De inmediato Oliveira Salazar exigió controlar los gastos e ingresos de todos los ministerios. Satisfecha la exigencia, impuso una fuerte austeridad y riguroso control de las cuentas, consiguiendo un superávit en las finanzas públicas tras el ejercicio económico de 1928-29, y esforzándose en mantener un presupuesto equilibrado, al extremo de recortar severamente los gastos del Estado. Este hecho, considerado una proeza, hizo ganar a Salazar un gran prestigio entre las corrientes de la derecha republicana.


En 1932, tras la dimisión de varios primeros ministros, y ya con una consolidada figura en el gobierno, Salazar asume el cargo de Primer Ministro de Primer Ministro de Portugal. Ese año se lanza el proyecto para crear una nueva Constitución, y Salazar llamaría a un grupo de notorios profesores universitarios para crearla, modelando un texto fuertemente autoritario y centrado en los poderes del primer ministro. En 1933 luego de someter a plebiscito la Constitución, ésta se aprueba y entra en vigor, naciendo así el Estado Novo y también el Salazarismo. Salazar defendía la estabilidad de la vida nacional y temía que la turbulenta situación de España pudiese afectar a Portugal. Intensificó la censura y la acción de la policía política, Policía Internacional y de Defensa del Estado (PIDE). 



Con la llegada del general Francisco Franco al poder, Salazar se ocupó de mantener buenas relaciones diplomáticas con la España franquista, si bien durante la II Guerra Mundial temió por unos meses que Franco, con el apoyo del Tercer Reich, intentara invadir Portugal y anexionarlo a España. A partir de 1945, las relaciones hispano-portuguesas se mantuvieron en un buen nivel, aunque marcadas por la mutua desconfianza personal existente entre los mandatarios de ambos países. 


Salazar asume la cartera de Asuntos Exteriores desde la Guerra Civil Española, donde no oculta su simpatía hacia el bando nacional. Con la II Guerra Mundial, el propósito del gobierno de Salazar es mantener la neutralidad. Próximo ideológicamente al Eje, el régimen portugués se escuda en eso y también en la alianza con Gran Bretaña para mantener una política de neutralidad, en un esfuerzo de evitar pleitos contra cualquiera de los dos bandos beligerantes.




En 1943, en plena II Guerra Mundial, los Aliados intentan utilizar las Azores como base de apoyo para sus fuerzas aéreas. El gobierno de Portugal, sin medios para oponerse a esta exigencia, cedió a la presión aliada. Salazar negoció como contrapartida el suministro de armamento, temiendo un posible ataque de una Alemania debilitada pero aún fuerte, usando el territorio de España como vía de tránsito. Salazar pidió también la garantía de que la provincia ultramarina portuguesa de Timor Oriental, invadida y ocupada por tropas japonesas en marzo de 1942, sería restituida una vez acabada la guerra mundial.




Aunque Portugal había declarado su neutralidad desde 1939, y mantenía embajadas en los países del Eje y de los Aliados, Salazar trató de mantener una posición de simpatía con la Italia fascista y la Alemania nazi, pero reconociendo a la vez que la situación geográfica de Portugal hacía a su país más proclive a sufrir un ataque de británicos o estadounidenses. Salazar trató de explotar al máximo su otorgamiento de las bases aéreas en las islas Azores, apoyado por el hecho que su Estado Novo no había tenido líderes políticos abiertamente pronazis durante la Guerra. Los esfuerzos de Salazar lograron mayor ímpetu cuando las crisis entre los EE. UU. y la URSS dieron nacimiento a la Guerra Fría, donde Salazar podía mostrar el ferviente anticomunismo de su régimen como credencial para ganar el apoyo político de los Estados Unidos. 


El anticomunismo de Salazar sirvió para sostener la economía portuguesa en función a los mercados de Estados Unidos y Europa Occidental, aunque la escasez de materias primas valiosas en Portugal, así como la poca extensión y población del territorio, impidieron que los capitales extranjeros iniciaran una efectiva industrialización del país. Peor aún, durante la década de 1950 Salazar mostró una fe inquebrantable en sostener la autarquia económica de Portugal hasta donde fuese posible, lo cual mantuvo al país como un exportador neto de materias primas de bajo precio (alcornoques, pesca o productos frutales).



Defensor de una política colonialista que veía a Portugal aún como un imperio ultramarino, Salazar apostó por la guerra colonial cuando los movimientos independentistas de Guinea, Angola y Mozambique pretendieron independizarse de Portugal. Esta política fue rechazada por la mayoría de los países del mundo, máxime en un contexto de independencia colonial donde otras naciones europeas como Gran Bretaña o Francia, e incluso otras dictaduras ideológicamente cercanas a Portugal como la España franquista, ya habían aceptado la imposibilidad práctica de sostener remotos imperios coloniales.



El autoritarismo de Salazar le llevó a tomar una posición contraria al sindicalismo libre. Esta postura, que debilitaba las demandas del movimiento obrero, fue contestada por una parte de la población, que se rebeló. Las fuerzas de seguridad reprimieron duramente dichas protestas públicas, siendo habitual que la Guardia Nacional Republicana(GNR) causara muchos heridos y muertos. Mientras tanto, los movimientos comunistas y socialistas, aunque proscritos, siguieron en su resistencia al régimen de Salazar. 


Los enormes gastos de la guerra colonial en la década de 1960 causaron la pérdida del apoyo de militantes de derecha, que lamentaban el atraso económico de Portugal en comparación a los países de Europa Occidental mientras los gastos fiscales laboriosamente ganados eran gastados mayoritariamente en una guerra colonial. Para acallar a la oposición, el régimen de Salazar recurrió a la "Policía internacional e de defesa do Estado (PIDE)" para la represión política, al mismo tiempo que lograba infiltrar a la PIDE en casi todos los sectores y grupos de la sociedad portuguesa, desde las fuerzas armadas hasta los sindicatos, pasando por la Iglesia Católica local y la militancia del Partido Comunista Portugués.





El principio del fin de Salazar comenzó el 3 de agosto de 1968, cuando tenía ya 79 años. Durante sus vacaciones en Estoril. Salazar se preparaba para un tratamiento pedicurista, cuando se dejó caer en una silla de lona; la silla cedió y Salazar se cayó violentamente, llevándose un fuerte golpe en la cabeza. El accidente quedó oculto por orden del propio Salazar quien, tras levantarse, se negó a recibir atención médica, exigiendo secreto a los presentes. El primer ministro regresó a Lisboa, y quince días después Salazar admitió estar enfermo; el 6 de septiembre lo trasladan de urgencia al Hospital de São José, donde lo operan de urgencia.


El 27 de septiembre, el presidente Américo Tomás llama al profesor Marcelo Caetanopara que sustituya al profesor Salazar, incapacitado para las tareas de gobierno. Nadie se atrevió a notificárselo a Salazar. De hecho, hasta su fallecimiento en 1970, quienes trataban diariamente con él le hacían creer que todavía gobernaba el país, incluso después de haber asumido el gobierno el profesor Caetano.



No hay un gran anecdotario personal en torno a su figura; ni siquiera compartía la afición de sus compatriotas por el fado o el fútbol; el fado lo calificaba de deprimente e inmoral, lo que no le impidió fomentar ambos espectáculos, hasta el punto de que su régimen era llamado "el de las tres F: Fado, Fútbol y Fátima". Se le dió sepultura en la parroquia de Vimieiro, en una modesta tumba donde descansa con sus padres.






  

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