Golda Meir nació en la ciudad de Kiev (actual capital de Ucrania), perteneciente al Imperio ruso en ese entonces (mayo de 1898). Fue la cuarta primera Ministra de Israel; embajadora en la Unión Soviética; ministra de Trabajo; ministra del Interior; y ministra de Relaciones Exteriores. Golda fue la séptima de ocho hijos, dentro de la familia Mabovitch, que era de condición muy humilde. En su niñez afrontó penurias y sufrimiento, pues cinco de sus hermanos mayores murieron de pequeños a causa de la pobreza y las enfermedades. Su padre, Moshé, era un modesto carpintero; en 1903 decidió emigrar a los Estados Unidos en busca de sustento, dejando atrás a su familia, cuando Golda tenía apenas cinco años, junto a su madre autoritaria, y a su hermana menor Zipke, y su hermana mayor, Sheyna. Sumidas en la miseria, las cuatro mujeres se marcharon a Pinsk (hoy Bielorusia) a la casa de su familia materna en busca de mejor suerte.
En 1906 la familia emigró a Milwaukee (Wisconsin) a reunirse con el padre, ya que durante el tiempo que Moshé estuvo solo en los Estados Unidos, pudo ahorrar dinero suficiente para reunir a toda su familia. Blume, la madre de Golda, abrió una tienda de comestibles en el sector norte de Milwaukee, de la cual quedaba encargada la pequeña Golda, con tan solo ocho años de edad, cuando su madre salía al mercado a comprar provisiones. Desde 1906 hasta 1912 Golda asistió a la escuela Fourth Street (la cual muchos años más tarde sería renombrada en su honor como Golda Meir School). A los 14 años empezó a estudiar en la escuela secundaria North Division High School en la mañana, y por las tardes ayudaba a su madre a atender la tienda. Su madre era de la opinión de que su hija ya tenía suficiente educación y, por lo tanto, debía dejar la escuela para casarse con un hombre mayor. Golda no estaba de acuerdo y después de que su madre empezara a buscarle esposo, se escapó de su hogar a los 14 años. Compró un tiquete de tren para Denver (Colorado), y se fue a vivir con su hermana mayor que ya estaba casada con Shamai Korngold. Los Korngold organizaban en su casa tertulias nocturnas, donde Golda asistía a intensos debates sobre sionismo, literatura, sindicalismo, sufragio de la mujer, y otros temas. En esas noches intelectuales conoció a Morris Meyerson, con quien se casaría en 1917 cuando ya tenía 19 años.
Al regresar a Milwaukee, Golda encontró a sus padres más holgados económicamente, viviendo en una casa amplia, compenetrados con la vida comunitaria judía, y habiendo adquirido cierta posición social. Efectivamente los años abrieron a los Mabovitch a nuevas ideas, pues ya no objetaron que su hija estudiara y enseñara. La joven Golda, por primera vez sin necesidades básicas que la agobiaran, pudo abocarse de lleno a lo que le apasionó desde siempre: la docencia y la actividad sionista. Dentro de este último contexto, en 1915 se afilió al movimiento juvenil obreros sionistas, y asistió a encuentros con prominentes dirigentes como David Ben-Gurión. Así se involucró en dicho movimiento y organizó una manifestación en Milwaukee en protesta a las persecuciones y abusos contra los judíos, en Ucrania y en Polonia. Ella era la principal oradora, y así resultó elegida representante de su ciudad ante el Congreso Judío Estadounidense.
Poco después de su boda, comenzó una campaña de recaudación de fondos para el referido movimiento, durante la cual viajó por todo Estados Unidos. La pareja se trasladó a Eretz Israel en 1921, ya bajo dominio británico, junto con su hermana Sheyna y su familia. Finalmente sus padres les siguieron los pasos en 1926. Recién llegados al Mandato Británico de Palestina, la pareja Meyerson se instaló en un apartamento alquilado en Tel Aviv, y al poco tiempo pidieron incorporarse como miembros del Kibutz Merhavia, una empresa colectiva en el norte del país. Golda disfrutó cuatro años en el kibutz, en los que trabajaron duro, plantando árboles, recolectando almendras, criando pollos y colaborando en la cocina, lo cual estaba lejos de sus aspiraciones de dedicarse a la enseñanza del inglés. No así su esposo Morris, quien pronto se hartó de la vida comunal, las privaciones y las enfermedades. Aquella época fue el comienzo de la desarmonía conyugal; Morris se negó terminantemente a tener hijos en tanto no dejaran la comuna. Reconociendo sus capacidades de liderazgo, el kibutz la eligió como su representante en la Histadrut (organización sindical de los trabajadores de Israel).
Sinembargo, su esposo Morris ganó por cansancio, traladándose la pareja nuevamente a Tel Aviv, y luego a Jerusalén, donde consiguieron puestos de trabajo en la constructora Solel Boné, una de las empresas de la organización sindical Histadrut. Allí, Golda Meyerson dio a luz a sus dos hijos: Menájem (1924) y Sara (1926). Su estancia en Jerusalén supuso para ella el reencuentro con la pobreza. Golda rememoró en su autobiografía esa época de estrechez, en la que lavaba la ropa sucia de los niños del jardín al que enviaba a su hijo mayor, por no tener cómo pagar la mensualidad, como «la más miserable de toda mi vida».
Entre 1932 y 1934, Golda Meyerson fue enviada a los Estados Unidos para recaudar fondos para la causa sionista, estancia que aprovechó para tratar a su hija Sara de una insuficiencia renal que sufría. Al regresar al país, entró en el Comité Ejecutivo del poderoso e influyente gremio sindical Histadrut, cargo que ocupó ininterrumpidamente hasta la creación del Estado de Israel en 1948, junto a figuras de la talla de David Ben-Gurión, Moshé Sharet y Berl Katzenelson, siendo elegida posteriormente delegada del Mapai (precursor del Partido Laborista). Esta designación fue importante para su formación como líder de la política israelí años más tarde. Precisamente en enero de 1948 la encargaron de la recaudación de fondos dentro de comunidad judía estadounidense. El tesorero de la Agencia Judía estaba convencido de que no sería capaz de recaudar más de 8 millones de dólares, pero Golda, regresó con un monto de 50 millones de dólares, que serían utilizados para comprar armas en Europa para el naciente Estado de Israel. Ben-Gurion más tarde describió el papel de Golda como "la mujer judía que consiguió el dinero que hizo posible la creación del Estado y que pasaría un día a los libros de historia”.
Además, se le encargó otra delicadísima misión: de incógnito y disfrazada de mujer árabe, cruzó las líneas enemigas, para entrevistarse con el rey Abdullah I de Transjordania, e instarle se abstuviera de intervenir en la inminente contienda con los países árabes. El rey se mostró evasivo, y le pidió que no se apresuraran a declarar la independencia, a lo que Golda le respondió: «Majestad, nuestro pueblo ha estado esperando por 2000 años. ¿Podría usted llamar a eso 'prisa'?». Dos días más tarde, el 14 de mayo de 1948 David Ben-Gurión leyó en Tel Aviv el acta de Declaración de Independencia del Estado de Israel; Golda fue una de sus 25 firmantes. Más tarde recordaría: «Después de firmar, lloré. Cuando yo estudiaba la historia de los Estados Unidos y leía sobre los que firmaron la declaración de independencia, no podía imaginar que se trataba de gente real haciendo algo real. Y allí estaba yo, sentada y firmando una declaración de independencia».
Israel fue atacado al día siguiente por una coalición de los ejércitos de Egipto, Siria, Líbano, Transjordania e Irak, juntamente con las fuerzas expedicionarias de otros países árabes y los movimientos guerrilleros árabes, lo que desembocaría en la Guerra de Independencia de Israel. Durante la contienda, Israel detuvo la agresión coordinada árabe, lanzando luego una serie de ofensivas militares, ampliando sus posesiones territoriales. De inmediato y sin pausa, partió nuevamente hacia Estados Unidos a recaudar fondos; y allí mismo le fue comunicado su nombramiento como primera embajadora de Israel ante la Unión Soviética, función que cumplió entre septiembre de 1948 y marzo de 1949. El recibimiento que ofreció la comunidad hebrea rusa a la diplomática del nuevo Estado fue apoteósico: decenas de miles de judíos moscovitas se acercaron a Golda, con ocasión de su visita a la Sinagoga Coral de Moscú para asistir a los servicios de Rosh Hashaná (Año Nuevo judío) y de Yom Kippur (Día de la Expiación), llevándola en andas junto al libro de la Torá y vitoreando su nombre. Durante su período como embajadora, buscó que las autoridades estalinistas suavizaran el trato a la comunidad judía y que eliminaran las trabas a la aliyá (retorno a Israel), sin mucho éxito. Las relaciones diplomáticas se complicaron por la política soviética en contra de las instituciones religiosas y los movimientos nacionalistas, cerrando instituciones judías, y prohibiendo el estudio del hebreo.
En 1955, siguiendo instrucciones de Ben Gurion, se postuló para el cargo de alcaldesa de Tel Aviv, perdiendo por solo dos votos del bloque religioso, que negó su apoyo sobre la base de que ella era mujer. En sus siete años en el cargo de Ministra de Trabajo, demostró una gran eficacia en la construcción del estado de bienestar israelí y en la integración laboral y social de las masas de inmigrantes que afluían al país, dejando un sello indeleble hasta el día de hoy en la legislación laboral de avanzada que propició.
En 1969 y principios de 1970, Golda se reunió con muchos líderes mundiales para promover la paz en Oriente Medio, entre los que se encontraban Richard Nixon y el Papa Pablo VI. En septiembre de ese mismo año viajó a los Estados Unidos, donde ella fue por primera vez para entrevistarse con el presidente Richard Nixon. Durante su gira por el país norteamericano se detuvo en Filadelfia, donde fue recibida por más de 30 000 judíos estadounidenses. Posteriormente fue invitada a la Casa Blanca, donde recibió los más altos honores, civiles y militares. En 1973 Golda recibió la visita del canciller de Alemania Federal, Willy Brandt.
En 1973 Israel tuvo que enfrentar una nueva agresión bélica por parte de una coalición de países árabes, conocida como la guerra de Yom Kipur, que tomó al gobierno y al país por sorpresa. La parsimonia militar confundió y contagió al ejecutivo presidido por Golda Meir, quien solo unas horas antes del estallido decidió desoír a sus militares y ordenó movilizar a las reservas, en una de las decisiones más dramáticas y cardinales de toda la contienda. Aún así Golda jamás se perdonó su crucial aporte al fracaso: «Deberé vivir hasta el fin de mis días sabiendo algo tan terrible», escribiría en su autobiografía. Pero la opinión pública estuvo en desacuerdo con el informe de la comisión investigadora que generó una ola de protestas que fueron incrementándose en todo el país, lo que llevó a la primera ministra a presentar su renuncia poco después de su reelección, el 11 de abril de 1974, siendo sucedida por Isaac Rabin al frente del gobierno, cediendo a lo que sentía era la «voluntad del pueblo». «Cinco años son suficientes... supera mis fuerzas seguir llevando esta carga».
A pesar de que Golda dejó el cargo en 1974, continuó siendo una pieza importante en la vida política de su país, y se retiró al kibutz Revivim, en la casa de su hija Sara, en donde pasó sus últimos años, hasta que el cáncer la doblegó. El 7 de diciembre de 1978 fue ingresada al Hospital Hadasa de Jerusalén, falleciendo al día siguiente a la edad de 80 años. Cuatro días después fue sepultada en el panteón de los «Grandes de la Patria», en el Monte Herzl de Jerusalén.
.jpeg)
.jpeg)


.jpeg)
.jpg)
%20(1).jpeg)

.jpeg)
.jpeg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario